Ángeles y moscas

junio 8, 2006

No recuerdo en que país de África….
Había cientos de moscas incrustadas y otras volaban alrededor…
Detrás de esa marabunta habían cientos de niños con el estomago en los huesos y cuando caminaban no parecían tener cuerpo. Eran radiografías andantes. Esqueletos sin harapos.
El manantial de agua aquel charco de lodo…
La comida, los restos que dejaban los buitres esparcidos por la arena.
El hogar, un conjunto de ramas y plantas con vistas a la muerte.
La higiene un lujo no permitido y las enfermedad venérea la eterna invitada.

Cuando las moscas desaparecen por fin pueden abrir los ojos. Y miran.
Sí lo hacen fijamente son capaces de desenmascarar a la mismísima inocencia.
También pueden reflejar la gigantesca tristeza que tienen en su corazón.
A veces, sus ojos quieren verter todas las lágrimas que tienen acumuladas.
Aunque casi nunca lo consiguen porque el agua de los ojos se ha hecho hielo.
Bloques de hielo que acorazan el alma y confunden a los sentimientos.
Los niños piensan que ojalá fueran esas moscas que se pegan en la piel.
Los niños quieren ser moscas porque tienen alas para volar.
Entonces, volarían hacia algún lugar donde comen, duermen y son amados.

En ocasiones aparecen pájaros de metal con cargamentos de vida y salud.
En el alabarán una lista interminable enviada por el gobierno.
En las cajas y sacos ni la mitad de lo que prometió el gobierno.
Aún así, cercan los aviones y la marea humana se multiplica.
Miles de manos, de labios cortados, de bocas hambrientas….
Inyecciones, ropa, juguetes, agua y comida. Para ellos, eso es el cielo.
Más cosas…dibujos, lápices y una carta sin dirección. Sois los ángeles.
Y comienza así:

“Soy una niña del mundo con nombre de fe.
Tengo 12 años y ojalá estuvierais todos aquí conmigo.
Sé lo he dicho a mis padres pero ellos no pueden hacer nada.
Dicen que no es tan fácil como parece. ¡Jo! ¡Qué pena!
Os he visto por la tele y me he puesto muy triste.
No tengo dinero y ya os he dado todos los juguetes que tenía.
Os he mandado varios dibujos y mis galletas favoritas.
Como ya no tengo casi nada más, os envío mi corazón.
Tal vez no lo veáis pero espero que lo sintáis en vuestro interior.
Mirar al cielo y yo también lo haré y los corazones se unirán.
Bueno, me despido y en la próxima carta os mandaré una foto.”

Un beso muy fuerte de vuestra amiguita.

Esperanza.

Angeles y moscas